Casona de la República

    Ubicado en el corazón del Centro Histórico de Querétaro, este hotel boutique brilla por su majestuosa construcción y nos regala en cada una de sus suites fragmentos invaluables de la historia de México

    Entre murmullos del tiempo y salpicada de historia, se erige orgullosa Casona de la República. Este edificio del siglo XVIII, que en algún momento fue residencia de importantes miembros de la sociedad queretana, hoy se ha convertido en un hotel boutique de lujo en el corazón del Centro Histórico de la ciudad de Querétaro, estado de la República cuna de los más importantes cambios de nuestro México.

    Dentro de sus paredes y celosamente resguardados, la experiencia comienza, desde el descubrimiento de un tramo original de una “acequia” del siglo XVI, época de Conín, y parte del ramal que surtía de agua a los maizales que en aquellos tiempos cubrían lo que hoy conocemos como Centro Histórico, pasando por el mercado Del Carmen, en donde vestigios de la puerta original fabricada de roble aún se conservan, lo mismo que las entradas con los famosos “ojos de buey” que remataban estos arcos. Los muros intactos desafían el tiempo, mostrando en ellos el esplendor de la arquitectura antigua.

    El corazón de Casona de la República nos muestra una cocina típica mexicana, con su horno, fregadero y quemadores originales, así como un almacén que conservaba los productos frescos para ser utilizados, un área de comedor en donde seguramente se sirvieron los más exquisitos platillos, resultado de la fusión entre ingredientes hispanos e indígenas.

    La fabulosa terraza de este hotel boutique de lujo nos deja ver lo que en algún tiempo fue un patio de entrenamiento para palomas mensajeras, con sus jaulas a la vista, así como la torre de piedra desde donde volaban, llevando un mensaje en su pico, el medio de comunicación principal entre los conventos, iglesias y las familias adineradas de aquel tiempo.

    Para principios del siglo XX, México se vio influido por corrientes de arte provenientes del Viejo Continente, una de las principales fue el Art Nouveau, que, según el pensamiento de la élite de la época, significaba la introducción a una era moderna y vanguardista, por lo que fue adoptado por los arquitectos y decoradores de aquel tiempo, y Querétaro no fue la excepción para aquel que podía pagarlo. Por medio de técnicas de restauración se logró regresar a la vida estas pinturas del patio principal, rodeadas de naranjos, y en el centro, una fuente de piedra volcánica que hace disfrutar la delicia de transportarse al tiempo del Porfiriato.

    Agua, tierra, aire y calidez rodean este espacio, pedazo de historia que nos susurra al oído leyendas de Doña Josefa, Ignacio Allende o del mismo Miguel Hidalgo, que nos muestra los pasos de Don Fernando de Tapia, en donde aún se escuchan ecos de la verbena de un típico mercado mexicano y nos invita en cada una de sus suites a disfrutar de sus rincones mágicos. Este es un espacio que nos cuestiona con intriga: ¿por qué hospedarse en un hotel, cuando puedes hacerlo en una obra de arte?…

    Fotografías: Edith Rodríguez para Suite Social

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