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    Una vida en los escenarios

    Reconocida actriz y productora, Yadira Espinosa está de vuelta en los teatros para seguir cautivando al público con las grandes actuaciones que está acostumbrada a dar

    Desde muy pequeña supo que la actuación sería su destino, por lo cual se ha dedicado toda la vida a aprender y a perfeccionarse en el arte dramático; aunado a ello, la producción de obras de teatro fue algo que se le dio con naturalidad y dedicó parte de ese trabajo al público infantil, lo que la ha hecho destacar en el medio.

    Recientemente participó en la obra “Un espíritu burlón”, lo que marcó su regreso a los escenarios después de una temporada que pasó enfocada al cuidado de su familia, pero como “lo que bien se aprende nunca se olvida”, Yadira regresó en la mejor forma y con más experiencia a darlo todo en cada función, pero esta vez siendo más consciente de que un buen actor no es solo aquel que lo da todo, sino también el que recibe, escucha y aprende de los demás en cada oportunidad.

    Por ahora prepara, junto al director Leonardo Costa, una nueva puesta en escena y en pocas semanas podremos disfrutar de nueva cuenta de las extraordinarias actuaciones de Yadira Espinosa.

    “La magia que se vive en cada función es mi mejor experiencia: ninguna representación es igual a otra”.

    ¿Cómo comenzaste en el teatro?

    Cuando tenía tres años supe que quería estar en el mundo del espectáculo, fui al circo y me encantó. Yo nací en Tapachula, Chiapas, en un lugar cerca de la frontera de Guatemala; allá no llegaban los circos ni los espectáculos, pero la primera vez que fui al circo dije: “Yo quiero dedicarme a esto”, quería ser payaso y viajar por todo el mundo haciendo esto.

    Cuando tenía como siete años, en la casa de la cultura comenzaron a dar clases de teatro y fui, me di cuenta de que no quería ser payaso de circo, sino que quería hacer teatro. Después nos mudamos a Morelia, ahí también vuelvo a tomar clases de teatro y reafirmo lo que quería hacer, después llegamos a Querétaro y a los 12 años comienzo con los Rabell, en El Corral de Comedias, y a los 14 años ya comienzo a trabajar en el teatro y a recorrer toda la República. Cuando acabo la preparatoria quise estudiar la carrera en teatro, pero aquí en Querétaro en ese entonces no la había y me fui a México, al Instituto Andrés Soler, y también conocí algo de televisión, pero no me gustó; luego regresé a Querétaro y me uní a la compañía de La Casona del Árbol y estuve muchos años ahí haciendo carrera.

    Posteriormente estuve trabajando con varias compañías, incluso puse mi propia compañía por un tiempo, La cuarta pared; dejé la compañía para dedicarme a mi familia. Hasta ahora, que los Rabell me volvieron a insistir, volví a los escenarios.

    ¿Por qué decides producir obras infantiles?
    Esto comienza una vez que una empresa me pide una obra infantil, no teníamos nada preparado, nadie hacía teatro infantil en esa época y dije: “No tengo ahora una obra infantil, pero la monto, no hay problema”. Empecé a buscar y me di cuenta de que tenía esa facilidad y esa energía para atrapar a los niños, es un público muy complejo y es muy difícil llamar su atención. Me doy cuenta de que lo puedo hacer muy bien y seguí haciendo obras para el público infantil. Hubo un momento en que me dediqué a hacer un show de teatro infantil y nos fue muy bien.

    ¿Cuál es la experiencia que más te ha impresionado arriba de los escenarios?
    La magia que se vive en cada función es mi mejor experiencia: que ninguna representación es igual a otra. Me ha gustado mucho presentarme en comunidades alejadas, donde no había nada, esas personas que nunca habían visto teatro era un público difícil, porque no conocían el teatro, pero al final, la energía que emanaba de ellas era impresionante. Por eso me gusta tanto el teatro, porque es el contacto con el público y sientes la energía, lo que no sucede a través de la televisión.

    ¿Cuál es el papel que más te ha costado trabajo interpretar?
    La comedia: me costó mucho trabajo aprender a hacer comedia, se me daba muy bien el drama y el teatro experimental, que me encantaba; desafortunadamente, ese tipo de teatro no atrae mucha gente. Eso me costó mucho trabajo, hacer comedia y hacer teatro comercial, que es el que le gusta al grueso de la población, pero aprendí a hacerlo también, a meterme con el público y a improvisar.

    ¿Cuál es el papel que más te ha gustado?
    Yo creo que la más reciente que he hecho, “Un espíritu burlón”, la he disfrutado mucho porque fue mi regreso al escenario después de varios años y, aunque he sido actriz muchos años, el hecho de descansar, algo pasa y he vuelto a aprender a divertirme en el escenario, a disfrutar de la gente y de la convivencia del día a día. Es una comedia ligera que se disfruta mucho.

    ¿Qué haces antes de subir al escenario?, ¿cómo te preparas?
    Acostumbro llegar muy temprano al teatro y paseo por el escenario para sentir las energías y ver cómo está, hablo con el escenario y conmigo misma para decirnos que todo va a estar bien y que el público va a estar bien, además de concentrarme para no perder el ritmo.

    Para ti, ¿qué es un buen actor?
    Estar dispuestos a escuchar, a recibir. Eso es algo que nos cuesta mucho trabajo, porque los actores estamos muy dispuestos a dar, les damos nuestro trabajo al público y a nuestros compañeros actores, pero en realidad tenemos que estar dispuestos a escuchar y a recibir todo lo que viene de afuera, de nuestros compañeros, de todos lados.

    ¿Qué papel te falta por interpretar?
    Un monólogo, no me he atrevido a hacer monólogos en Querétaro, los hice en la Ciudad de México, pero muy pronto lo haré en Querétaro.

    FOTOS:EdithRodríguez

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